Ve tu Vida como Fotógrafo: Reenfoca y Reencuadra

Gracias a los avances tecnológicos de la última década por fin hemos podido familiarizarnos con un objeto que antes nos había parecido místico e indescifrable: la cámara fotográfica. No importa cuán bien la sepamos manejar, la misma fácilmente nos permite compartir experiencias e inmortalizar momentos importantes. El impacto de cada imagen lo produce la combinación de elementos que presentan la foto tal como la vemos: con lo que muestra y sin lo que no. Dos amantes bajo una palmera; un bebé coloreando una pared; un paisaje montés al atardecer bajo un cielo sin nubes.

La irrepetibilidad de cada imagen depende de muchos factores: cualidades y posición del sujeto, iluminación, distancia a la cámara, área de enfoque, qué se está incluyendo en el cuadro, qué se excluye…  Al decidir todos estos elementos – ya sea a propósito o inconscientemente – el fotógrafo plasma lo que tiene en frente en una imagen única.

Al llegar la imagen al observador esta evoca una emoción, procura reflexión. Presenciar una fotografía es adentrarnos en su mundo, sumergirnos en la historia que nos cuenta. Y siendo única, cada foto provoca lo que sólo ella puede en quien la observa: una sonrisa, lágrimas, disgusto… o indiferencia. Hay fotos que nos gustan y otras que no. Hay las que reflejan lo que nos atrae, y las que nos muestran aquello que preferiríamos no ver.

De manera muy similar, cada situación que vivimos la creamos a través de nuestro enfoque y encuadre: desde un punto de vista que nos “pinta” el panorama que presenciamos. Este incluye lo que percibimos y excluye cualquier otro elemento que no sea “visible” o posible desde ese punto de vista. Y cada punto de vista lo escogemos nosotros mismos – ya sea consciente o inconscientemente. Desde ahí nos proyectamos lo que presenciamos, lo que llamamos “realidad”.

Saber este concepto como fotógrafo profesional y haberlo aplicado como coach en mi propia vida me ha ayudado a mejorar cómo percibo varias situaciones difíciles.  Pero no tienes que ser un pro en la foto para aplicar estas ideas. Cuida en qué estás enfocando tu atención, en especial cuando sientas emociones “negativas”. Observa cómo estás “encuadrando” la situación y qué resultado te está provocando (tristeza, impotencia, culpar a otro, etc.).  Entonces podrás cambiar tu punto de vista – igual que un fotógrafo mueve su cámara – a un lugar que presente solución, o al menos sensaciones más a tono con lo que preferirías ver y sentir.

Recuerda que quien único pinta las circunstancias de tu vida de la manera que las percibes eres tú, de acuerdo a cómo diriges la “cámara” de tu percepción.

Cambia tu enfoque. Dale la vuelta. Reencuadra hacia otros factores o personajes. Decide qué incluir y qué excluir en tus consideraciones. Usa el “zoom” hacia adentro (para ver mejor los detalles) o hacia afuera (para apreciar mejor los grandes rasgos del panorama). En fin, modifica la manera en que estás usando tu “cámara” para producir una experiencia más parecida a la situación ideal. Imagina cómo quisieras presenciar ese momento y créalo aspecto por aspecto, reencuadrando, quitando y poniendo factores según sea necesario.

Practica esto en cada situación y área de tu vida para trascender las experiencias que no te han servido. Así comenzarás a “fotografiar” tu realidad de la manera que te quieres sentir al respecto. Enfócate en aquello que quieres y excluye lo que no te conviene.

¡Enfócate y disfruta de tu nueva imagen!

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