De acuerdo por fuera. Hirviendo por dentro.

Dices: “No, mi amorcito, como tú prefieras.”
Piensas: “Blah, otra vez me voy a perder la película que quiero ver hace un mes.”

Dices: “OK, seré doctor.”
Piensas: “Aaaggghhh, pero quisiera ser profesor de física. Bueno, no soy quién para romper la tradición de familia…”

Dices: “Sí, claro que sí.”
Piensas: “¿Con él?!? ¡Ni loca!”

Nos pasa igual a hombres y mujeres: ¿cuántas veces dices algo que no sientes o accedes a lo que no quieres hacer, sólo por no “verte mal” o por miedo a entrar en una discusión?  Estas son algunas de las veces en que te desconectas de ti mismo para caer en complacencia. Luego resientes al otro porque le estás acompañando en algo que de verdad no querías. Es su culpa, por supuesto, por arrastrarte a este limbo. Y te las va a pagar, de una manera u otra.

Así se te pasan preciados momentos con seres queridos: complaciendo, evitando conflictos… engañándolos. Y peor aun, engañándote a ti mism@. Caes en acuerdos indeseados antes de entrar en negociación. Desperdicias tiempo, energía y confianza. Generas resentimiento y remordimiento. Después de todo, es más cómodo evitar fricción que elegir y declarar lo que quieres.

Si ves cómo esto afecta tu vida y la de otros, cuestiona cada palabra antes de formarla en tu boca. Elige tus pensamientos y acuerdos según lo que sí quieres, no por evitar fricción. Cuando te topes con una proposición que en realidad no va contigo, di cortésmente que no. Puedes ofrecer alternativas – sin aferrarte a que accedan. O sencillamente pueden esperar hasta otra situación que convenga a ambas partes. Será mejor para ti y para los demás, pues ninguno estará jugando el papel de “obligado”.

La solución tampoco es que nunca cedas, sino que encuentres un balance entre lo que quieres y lo que estás dispuesto a dejar ir a cambio de la compañía o aprobación de otros. Pregúntate qué es más importante para ti en cada caso: dejar ir lo que quieres a cambio de esa compañía o aprobación, o rehusar la propuesta a cambio de hacer lo que sí quieres.

Si aún así se te hace difícil ponerte de acuerdo con quienes te rodean, considera:
* si estás siendo muy intolerante,
* si te convendría cambiar tu miedo al rechazo o a confrontaciones por aprender a negociar, y/o
* si debes cambiar de entorno y adoptar círculos sociales nuevos.

Observa tus palabras y tu proceso de decisión durante los próximos días, y nota si hay diferencias en tus relaciones y en tu estado interno. Lo más probable es que sentirás más poder sobre tí mism@ y tus situaciones.

* * *
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